Libreto de la ópera Thais en español – Segunda parte

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(primera parte en alemán/erster Teil auf Deutsch)
(segunda parte en alemán/zweiter Teil auf Deutsch)
(tercera parte en alemán/dritter Teil auf Deutsch)

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(parte primera en español/traducción al español de la primera parte)
(parte segunda en español/traducción al español de la segunda parte)
(parte tercera en español/traducción al español de la tercera parte)

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Ah, estoy sola,

sola por fin.

Los hombres
son indiferentes y brutos.

Las mujeres son malas,
y las horas pesadas.

Mi alma está vacía.

¿Dónde encontrar la paz?

¿Y cómo retener la felicidad?

Ay, mi espejo fiel, tranquilízame.

Dime que soy bella
y que eternamente lo seré.

¡Eternamente!

Que nada marchitará el brillo
de mis labios rosados.

Que nada enturbiará
mis cabellos dorados.

¡Dímelo! ¡Dímelo!

Dime que soy bella
y que eternamente lo seré.

¡Eternamente!

Seré bella eternamente.

¡Ay calla, voz despiadada!
Voz que me dice

Tais, envejecerás.
Tais, envejecerás.

Y un día Tais ya no será Tais.

No. No puedo creerlo.

Venus, respóndeme.

Venus, dime que soy bella
y que eternamente lo seré.

Venus, invisible y presente.

Venus, magia de la sombra.

Venus, respóndeme. Respóndeme.

Dime que soy bella
y que eternamente lo seré.

¡Eternamente!

Que nada marchitará el brillo
de mis labios rosados.

Que nada enturbiará
mis cabellos dorados.

¡Dímelo! ¡Dímelo!

Dime que soy bella

y que eternamente lo seré.

¡Eternamente!

¡Ay! Seré bella eternamente.

Forastero, aquí estás
como habías dicho.

¡Señor! ¡Señor!

Haz que vea su radiante rostro
como por un velo.

Haz que el poder de sus encantos
no triunfe sobre mi voluntad.

¡Venga, habla!

Se dice que ninguna mujer te iguala

y por eso quería conocerte.

Y por eso, al verte, comprendí

lo glorioso que sería vencerte.

Tus halagos son grandes,
pero tu arrogancia los supera.

Vanidoso, guárdate de amarme.

¡Ay! Te amo, Tais.
Y gustosamente te lo digo.

Te amo , pero no como te lo imaginas.

Yo te amo con el espíritu,
te amo de verdad.

Te prometo más que la embriaguez
y los sueños de una breve noche.

La felicidad que hoy
te traigo no acabará jamás.

Jamás. Jamás.

Enséñame ese maravilloso amor.

Un amor verdadero
tiene un sólo lenguaje los besos.

¡Tais, no te burles!
El amor que te predico es desconocido.

Amigo, llegas bastante tarde.

Conozco la embriaguez
en todas sus formas.

Tu amor no trae más que vergüenza.

El amor que yo te traigo,
es el único glorioso.

Me parece insolente
que ofendas a tu anfitriona.

¿Ofenderte?

Sólo quiero conquistarte para la verdad.

La verdad me inspirará
discursos ardientes

para que tu corazón, cortesana,
se derrita como la cera.

La verdad te entregará a mí.

Ella convertirá
mis palabras en un Jordán

cuyo raudal preparará
tu alma para la vida eterna.

Para la vida eterna.

Para la vida eterna.

Pues bien.

Enséñame ese amor misterioso.

Te obedeceré. Soy tuya.

Un terrible alboroto invade mi cabeza.

¡Señor! Haz que vea
su radiante rostro como por un velo.

Venus, invisible y presente.

¡Piedad, Señor!

Venus, magia de la sombra.

Haz que el poder de sus encantos
no triunfe sobre mi voluntad.

Venus, resplandor del cielo,
blancura de nieve.

Venus, desciende y reina.

Esplendor. Voluptuosidad. Dulzura.

Señor.

Piedad.

Soy Atanael, monje de Antinoe.

Vengo del santo desierto
y maldigo la carne.

Maldigo la muerte que te posee.

Y aquí estoy ante ti
como ante una tumba.

Y te digo
Tais, levántate. Levántate.

¡Piedad! No me hagas mal.

Habla ¿qué quieres de mí? No.

No, ¡cállate, por piedad!

No he escogido
ni mi suerte ni mi naturaleza.

Y no es culpa mía ser bella.

¡Piedad! No me hagas morir.

¡Ay! Temo tanto a la muerte.

¡Piedad! No me hagas morir.
No me hagas mal.

¡Piedad! No me hagas morir.

No, ya lo he dicho
Vivirás la vida eterna.

Serás eternamente la amada y esposa
de Cristo de quien fuiste enemiga.

¡Ay! Siento un soplo fresco
en mi alma extasiada.

Me estremezco y estoy extasiada.

¡Qué poder!

Frágil e idolatrada Tais,
quiero una última vez …

¡Nicias! ¡Otra vez!

– Quiero el amor de tus labios rosados.
– Mi alma ya no es mía.

¡Amarme! Nunca ha amado a nadie.
Sólo ama el amor.

Mañana ya sólo
seré un nombre para ti.

– Sólo un nombre.
– ¿Lo oyes?

Bien, ve y dile que detesto
a todos los ricos y felices.

¡Que me olvide!
Dile que lo odio.

En tu umbral
te esperaré hasta el alba.

No, sigo siendo Tais.

Tais, la cortesana.

Ya no creo en nada.
Y ya no quiero nada.

Ni a él, ni a ti, ni a tu Dios.

Padre, Dios me ha hablado
por tu voz. Aquí me tienes.

Tais, Dios te ha estado esperando.

Tus palabras permanecieron
en mi corazón como un bálsamo divino.

He rezado y llorado.
Una gran luz inundó mi alma.

He comprendido
la futilidad de la voluptuosidad

y vengo a ti como querías.

Ánimo, hermana.
Comienza la paz interior.

¿Qué debo hacer?

No lejos de aquí
hacia occidente hay un monasterio.

Allí viven mujeres elegidas
como si fueran ángeles

en un perfecto recogimiento.

Son pobres para que Jesús las ame.

Son modestas para que él las mire.

Castas para que las despose.

Allí te llevaré.

A su piadosa
madre Albina te confiaré.

Albina, hija de los Césares.

Es la servidora más pura de Cristo.

Allí te encerraré
en una angosta celda.

Hasta el día en que Jesús te liberará.

Ve, no dudes. Vendrá él mismo.

Y tu alma se estremecerá

cuando sientas sus dedos
de luz sobre tus párpados,

para secar las lágrimas.

– Llévame, padre.
– Sí.

Pero antes destruye todo
lo que perteneció a la Tais impura.

Tu palacio, tus riquezas.
Todo cuanto proclama tu vergüenza.

Quémalo todo. Destrúyelo todo.

Que así sea, padre.

No quiero conservar
nada de mi pasado.

Nada excepto …

Esta figura de marfil, este niño,
una obra antigua magnífica.

Es Eros. Es el amor.

Considera, padre mío,

que no podemos tratarlo con crueldad.

El amor es una rara virtud.

He pecado, no por él,
sino más bien contra él.

No me arrepiento
de haberlo tenido por maestro,

sino de haber desconocido su voluntad.

Eros prohíbe que la mujer se entregue
a quien no viene en su nombre.

Y hay que honrarlo
por ese mandamiento.

Toma la figura
para colocarla en un monasterio.

Los que la vean
se acercarán a Dios.

Pues el amor nos eleva

a los pensamientos celestiales.

Nicias, cuando me amaba,
me regaló esta figura.

¡Nicias, Nicias! ¡Ay!

Maldita la venenosa fuente
de donde procede este regalo.

Que sea destruido.

Y todo el resto
a las llamas, al abismo.

¡Ven, Tais! Que todo tu pasado
se convierta en polvo

y caiga en el olvidado eterno.

– Que todo lo que fui
– Que todo lo que fuiste

– se convierta en polvo.
– y caiga en el olvido eterno.

Ven. Ven.

¡Amigos, seguidme todos!

La noche aún no ha acabado.
Venid. Venid.

El juego me ha devuelto veces
lo que me costó el favor de Tais.

Así que sigamos festejando.
¡Más! ¡Más! ¡Más!

– ¡Más! ¡Más! ¡Más!
– ¡Evoé, evoé!

Llamad a las bailarinas, a los histriones
y a los encantadores de serpientes.

Bailemos, juguemos
y riamos hasta el amanecer.

– ¡Encendamos las antorchas!
– Deslumbremos al sol.

Extended una alfombra gruesa.

Crobila y Mirtala, venid a mi lado.

¡Evoé, evoé!

No hay más verdad que la vida.

No hay más sabiduría que la locura.

He aquí la incomparable.
Crobila, toma la Lira.

Y tú, Mirtala, toma la cítara.

Y cantad su hermosura.

Es más bella

que la reina de Saba
que bailaba sobre espejos.

De la sombra de sus velos

emana su voz

como flechas de fuego.

Su tez es de ámbar pálido.

Se acerca vaporosa.

Camina como un ídolo impasible.

Hechiza y embelesa.

Su mirada lanza cadenas,

su bella y lánguida mirada

cautiva a los hombres.

Desconociendo su poder

hechiza y embelesa.

Su encanto es mortal.

¡Evoé, evoé, evoé!

– Es Atanael.
– Atanael.

Salve sabio de todos los sabios.

¿Te ha desarmado Tais la razón?
Mirad su gloriosa mirada.

¡Callaos!

Tais es la esposa de Dios,
ya no os pertenece.

La Tais infernal
ha muerto para siempre.

Y la nueva Tais, hela aquí.

Ven, hermana, huyamos
para siempre de esta ciudad.

Jamás. No. Nunca. ¡Llevársela!
¿Qué dice? No. Jamás. No.

Llevársela! ¿Qué dice? Eso jamás.
Llevársela! ¿Qué dice? Eso no.

– ¡Dice la verdad!
– ¡Tais!

¡Nos dejarías! ¿Es eso posible?

¡Impío! Arriesgas tu vida si la tocas.

Es santa.
Ahora pertenece a Dios. ¡Paso!

– No. No. No.
– ¡Abridle paso!

No. ¿Qué quiere ese hombre de ella?
Que regrese al desierto.

¡Desaparece, cinocéfalo!

Arrebatarnos a Tais.
Tais, no te vayas. Quédate.

Mis vestidos, mis caballos.
¿Quién nos pagará ahora?

¿Para quién son las leyes?
¡Nos roba a Tais! ¡Que ella se quede!

Y a él lo matamos.
Con piedras. ¡En la horca!

¡Fuego! ¡Llamas!
¡El palacio está ardiendo!

¡Toma, sátiro!
¡A muerte! ¡A muerte!

No. No. No.

Deteneos. Por todos los Dioses.
Aquí, esto os apaciguará.

– ¡Oro!
– ¡Marchaos!

Adiós, Tais.
En vano me olvidarás.

Tu recuerdo será
el perfume de mi alma.

– ¡Ah! Adiós para siempre.
– Adiós para siempre.